Ansiedad infantil y como prevenirla

Ansiedad infantil

En los últimos años, en nuestra sociedad, hemos experimentado un progreso notable en tecnología, información, movilidad y otros aspectos que nos ofrecen un aparente mayor bienestar. Y digo aparente, porque este bienestar contrasta con determinados problemas de salud mental, que ya algunas fuentes los catalogan como PANDEMIA. Es el caso de la ansiedad, donde los niveles se multiplican respecto a periodos históricos de mayores dificultades, como guerras, postguerras, etc. Las consultas por ansiedad en los gabinetes de psicología se ha multiplicado, y no sólo con adultos, la ansiedad infantil asimismo está presente y genera unos problemas que queremos analizar y ayudar a prevenir. En nuestro artículo, Ansiedad infantil y como prevenirla, queremos dar unos consejos básicos que nos ayudarán a mejorar el proceso de crianza.

En primer lugar, queremos hacer notar que la ansiedad correlaciona signinficativamente con el control de las cosas que nos pueden suceder, sobre todo en cuanto a estímulos externos. Una persona que padece ansiedad estará muy pendiente de anticipar posibles situaciones, generándo miedo hacia ellas. Ello, como bien sabemos le puede llegar a paralizar por completo, sufriendo ataques de pánico o generando situaciones muy desagradables y difíciles de llevar. A esto, le llamamos técnicamente «locus de control externo».

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Ansiedad infantil: como prevenirla. Un problema al alza.

En niños, en la actualidad, según un análisis de la Universidad de San Diego, hay un 80% de locus de control externo. Uno de los factores importantes se debe a que estamos educando en la cultura de lo material. No hay más que analizar como se viven las fiestas, los cumpleaños, el periodo navideño, etc… para darnos cuenta que hay muy poco espacio para la reflexión personal y mucho para el valor de lo material. Del mismo modo, cabría analizar cuanto tiempo pasan los niños delante de diferentes pantallas (TV, tablets, móviles, etc) y cuanto hablando, interaccionando con nosotros o jugando o reflexionando solos. Todo ello correlaciona sin duda con la Ansiedad infantil.

La Ansiedad infantil está directamente relacionada con la falta de experiencia vital, la inmadurez emocional y la dependencia de los padres. Una manera de prevenirla será fomentando que el niño experimente su propia vida a nivel emocional, que se pueda equivocar tomando sus propias decisiones fomentando su autonomía. Todo ello permite un crecimiento madurativo de la personalidad con un locus de control interno, vocablo utilizado en argot psicológico que implica que nos hacemos responsables de lo que nos pasa, y no a factores externos (locus de control externo). De esa forma estamos haciendo al niño responsable de sus propias decisiones y evitando que perciba que todo viene desde el exterior. Es decir, fomentando las metas interiores y no las exteriores.

En los últimos años se ha venido desarrollando una corriente pedagógica en nuestro país, la enseñanza libre, que fomenta el juego libre y la autonomía. Es un sistema que difiere del sistema de enseñanza tradicional y en el que se fomenta el locus de control interno; autoconocimiento, aprendizaje emocional, autonomía, etc. Nosotros creemos que es un sistema adecuado, aunque muchas veces es complicado para la familia, ya que no existen recursos de este calado cerca del domicilio, implica un coste económico y actualmente, por desgracia, está sin regular. Afortunadamente, dentro de la enseñanza tradicional, este movimiento está teniendo mucha influencia y nombres como Maria Montessori, escuela de summerhill o Emmi Pikler están a la orden del día.

No obstante, y cumpliendo el objetivo práctico de este artículo, creemos que dentro de la familia se pueden llevar a cabo acciones sencillas que permitan a los niños crecer emocionalmente, y de una manera autónoma, teniendo mucha más experiencia vital, para evitar la Ansiedad infantil. Para ello damos varios consejos básicos pero tremendamente efectivos:

  • Permitir el juego libre desde el primer momento. Dejar que los niños dispongan de un espacio autónomo, no regulado por adultos donde poder tomar sus decisiones. La misión del adulto será únicamente observar sin intervenir.
  • Intentar poner nombre a las emociones, aunque sean las más básicas. Alegría, Tristeza, miedo, amor, vergüenza. Si el niño llora, aprovecharemos para dejarle experimentar el sentimiento, observándole, y luego le ayudaremos a interpretarlo. Los miedos son igualmente necesarios, no intentemos corregir los pequeños miedos, porque de ellos aprenderá, y esa enseñanza le servirá en el futuro. Si siente vergüenza porque se ha orinado, dejar que lo sienta, observando esa vergüenza con tranquilidad y normalidad. Así, cualquier situación que se de en nuestra vida cotidiana.
  • Fomentar la autonomía desde el inicio. Es sumamente importante que el niño coma solo (no importa si se mancha, para algo tenemos lavadoras….), que se vista sólo (aunque tarde más, asumiremos que algún día llegaremos tarde….. ), que camine sólo (no lo cojamos para ir más rápido…..). También intentaremos intervenir lo menos posible en las disputas con otros niños por los juguetes, ellos están aprendiendo y experimentando y han de aprender el camino de la resolución de conflictos (en la adolescencia nos alegraremos de haberlo hecho….).
  • El ejemplo que les demos será muy importante. Nuestra tranquilidad hacia los problemas, la capacidad de reflexión, pero teniendo en cuenta que como adultos, también  nos equivocamos. Nadie quiere ser el hijo de unos heroes (eso lo dejamos para las películas…..) , los hijos de padres perfectos son infelices. Es mucho más importante ponerle nombre a nuestros errores, interpretar nuestras emociones, bien sean positivas o negativas, ya que de todo ello aprenderán. Además siendo perfectos, tarde o temprano nos encontrarán los fallos, y entonces no sabremos como explicarlos o serán fuente de conflictos.
  • No transmitir al niño nuestros miedos. Está comprobado que si algo nos atemoriza, lo transmitiremos a nuestros hijos. Por eso, será conveniente ser conscientes de nuestros miedos, trabajarlos, asumirlos y enfrentarlos si puede ser. La mejor forma de no transmitirlo es vencerlo.
  • Y sobre todo, relaja el proceso de la crianza. Es algo natural, que nuestros padres, abuelos, bisabuelos y demás generaciones han llevado a cabo, mejor o peor, pero ten confianza en tí mismo, ya que siempre encontrarás el camino para hacerlo bien. Ten confianza en ti mismo, porque ten por seguro que se lo vas a transmitir, y únicamente con esto, tendrás más de la mitad del camino recorrido.

Si el problema lo tienes encima y no sabes como gestionarlo, acude a un especialista sin dudarlo. Te ayudaremos en las pautas a seguir.

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