Autoestima

autoestima

Sin duda alguna, la autoestima es algo que nos preocupa enormemente. En consulta, me encuentro con personas que me dicen que tienen la autoestima baja, que ese es su problema. Otras personas que afirman que ahora ya tienen la autoestima alta, pero lo han pasado mal por ello. Es una palabra que tenemos muy presente. Hoy en día está en el centro de los problemas y cada día se habla más de ella. Cuando pedimos consejo, nos dicen que tenemos que querernos más. Aunque hace unos años nadie conocía la palabra, ahora se ha incorporado con fuerza a nuestro vocabulario habitual. Tengo que decir que a los psicólogos no nos gusta la autoestima, ya que entraña muchos peligros. En este artículo quiero reflexionar sobre ello.

La autoestima, ya sea alta o baja, nos damos cuenta que siempre implica un juicio de valor hacia uno mismo, esto es algo obvio. Nos damos cuenta que, en la sociedad de hoy en día, nos estamos valorando y juzgando constantemente, a nosotros mismos y a los demás. A los bebés los valoramos por lo rápido que empiezan a gatear, o andar, o luego hablar, los comparamos con otros bebés . Más tarde empiezan las calificaciones escolares, los deportes competitivos, el inglés y todo el resto de actividades. Nos comparamos con los hermanos, amigos y vecinos, muchas veces sin criterios racionales. Y llega el mensaje de tener que conseguir más, para valorarnos mejor. Sin darnos cuenta entramos en una espiral de retos y valoraciones que no concluyen jamás.

Competición absurda con nosotros mismos

Pero, que hay detrás de todo esto? una competición absurda con nosotros mismos. Para que? para satisfacer a nadie, creernos que así vamos a ser más felices. Conseguir más: más control (sobre nosotros mismos, sobre el ambiente), más previsión, más seguridad, más logros, más felicidad, más… autoestima!. Parece en efecto, absurdo, entrar en una competición por tener más autoestima, que hace que nunca estemos satisfechos.

En psicología sabemos que en consulta no hay que conseguir que las personas tengan más o mejor autoestima. Eso hará que el problema se reproduzca de diferentes formas y maneras, ya que no pararemos esa competición. Nos gusta intentar crear más auto-aceptación, fijarnos en nosotros mismos, sin juzgarnos y valorarnos constantemente. Ese es nuestro gran reto.

Albert Ellis, reconocido psicólogo,en el año 1981 ya nos daba razones para aceptarnos y no juzgarnos en pro de conseguir mayor estabilidad y mayor control en cualquier tipo de neurósis y aducía una serie de razones:

 

Razones para aceptarnos sin juzgarnos

10. La auto-evaluación positiva o negativa es ineficaz y nos dificulta la resolución de los problemas enormemente. Cuando nos exaltamos o difamamos tendemos a centrarnos más en nosotros mismos, y dejamos de lado los problemas reales. De esa forma no podemos pensar racional y objetivamente y tendremos más dificultades en la resolución de los problemas, ya que nuestro pensamiento será irracional y sesgado, y ello mismo nos imposibilitará la resolución de los problemas.

9. La auto-evaluación sólo funciona bien con las personas que tienen muchas virtudes y muy pocos defectos. Aunque estadísticamente hay muy pocas personas así. Si eres uno de ellos, te tengo que decir que adelante, continua así. Si no es tu caso, mejor deja de evaluarte, y por contra, intenta aceptarte.

8. La auto-evaluación implica compararte inevitablemente con el resto de los humanos. Si te valoras como bueno, estarás valorando como malos o menos buenos al resto de personas. Por lo tanto, nos estamos metiendo en una competición con los demás. Ello nos generará estrés y malestar, y se menospreciará la cooperación y otras formas de compañerismo, que resultan fundamentales en el crecimiento social. A este respecto cabría hacer una mención especial sobre lo que está pasando en el sistema educativo, porque sin duda, una valoración individual implica una comparación con el resto.

7. La auto-evaluación aumenta la timidez y por eso la persona tiende a cerrarse en sí misma  y cierra la posibilidad de abrirse al círculo de alegría o placeres. Prueba a aceptarte como eres y verás como te relacionas con el resto de personas. Aceptándote vas a aprender a reírte de tus defectos, y vas a comprobar como son asimismo aceptados por el resto de la gente.

6. Culparte o alabarte por unos pocos actos implica una generalización excesiva. Tanto un proceso como el otro te están convirtiendo en una persona que no eres. Pongo un ejemplo, cogemos a un niño desde muy pequeño y le decimos que no vale nada. Que apesta. Que lo hace todo mal. Estaremos de acuerdo que no le favorecerá en absoluto. Pero, si le decimos que es el mejor de todos, que huele fantásticamente bien y que todo lo hace perfecto, igualmente lo estaremos convirtiendo en algo que no es, y tarde o temprano se encontrará con unas expectativas rotas. Igualmente, suponiendo que culpar o alabar a una persona por su bondad o maldad fuera lícito y basado en la realidad, ese señalamiento sería superfluo, ya que la persona ya estaría suficientemente marcada por una cosa o la otra, y no necesitaría ese señalamiento.

5. La intolerancia y la falta de respeto social son una consecuencia de la auto-valoración y la valoración de los demás. Las generalizaciones hacia diferentes grupos o razas son consecuencia de estas valoraciones, normalmente arbitrarias y sin fundamento ni rigor alguno.

Como dijo George Axtelle (1959), el filósofo americano; «los hombre son criaturas profundamente sociales, pueden darse cuenta de sus fines únicamente cuando se respetan los unos a los otros como fines en sí mismos. El mutuo respeto es condición necesaria para la eficacia personal. Sus opuestos, el odio, el desprecio, la segregación y la explotación frustran la realización de los valores que tienen todos y por eso son destructores de toda eficacia».  Por tanto, si queremos ser eficaces como personas, tenemos necesariamente que respetar y no hacer valoraciones de los demás.

4. Al evaluar a un individuo, aunque sea en forma de cumplido, estamos intentando cambiar a esa persona, o incluso manipularle. El cumplido siempre persigue un fin, sea beneficioso o perjudicial para la persona. Así, el evaluado se sentirá obligado por su evaluador, hasta el punto de cambiarse a sí mismo, perdiendo parte de su ser. Así, con un cumplido muchas veces estamos haciendo que la persona sea menos sí misma para convertirse en otra cosa.

3. El sistema evaluativo de las personas tiende a sostener el sistema social, ya que normalmente las normas vienen marcadas por pequeñas élites, sumamente interesadas en mantenerlas. Por tanto, fomentando la evaluación tendemos a plegarnos ante las normas y no permitimos que las personas expongan su punto de vista, manifestando su propio yo. No evaluando permitiremos conseguir el desarrollo de las personas y del mismo modo, el desarrollo social. Si continuamos evaluándonos, nos plegaremos ante las normas, que perpetúan el sistema social.

2. Las relaciones íntimas son saboteadas por la auto-evaluación y la evaluación de los demás , concretamente, en cuanto a la escucha activa. En las relaciones, si nos auto-evaluamos o evaluamos a nuestra pareja, no permitimos establecer una escucha real, con motivación de conocer lo que está pensando o sintiendo la otra persona, establecemos nuestra evaluación y nos ceñimos a ella. Ello acabará creando malestar e incomprensión y boicoteará enormemente el desarrollo de la pareja. Para establecer una escucha activa, necesitaremos saber el significado total de lo que se nos quiere comunicar. Pero sin establecer juicios, evaluaciones ni acuerdos (o desacuerdos).

1. Por último, la auto-evaluación tenderá a sabotearnos nuestro desarrollo normal. Si pensamos en ello nos daremos cuenta que hay muy pocas cosas que decidimos durante nuestra vida. No escogemos donde nacemos, ni nuestra familia, ni los medios de los que disponemos, ni si vivimos una situación de calamidad o no. En sí mismo, contamos con un pequeño número de pequeñas decisiones que podemos tomar. Si además de lo poco que podemos influir en nuestra vida, nos auto-evaluamos, estaremos restringiendo aún más nuestro libre albedrío.

RESUMEN

Es mucho más recomendable aceptarnos y aceptar el mundo que nos rodea, que tener una alta auto-estima, y por supuesto que una baja. Hará que vivamos en armonía con nuestro entorno, nos permitirá crecer y desarrollarnos y permitir a la sociedad asimismo desarrollarse. Del mismo modo, nos permitirá desembarazarnos de pesadas mochilas, que nos generarán dificultades para llevar el día a día.

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