Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer 2017

Como cada año, el 25 de noviembre es el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, un día que no tiene que pasar desapercibido para nadie. Por ello, desde Psicolagun queremos hacernos eco y difundirlo. A partir del 25 empieza una campaña de 16 días consecutivos de la ONU donde se quiere pintar el mundo de naranja, para recordar un grave problema, calificado de Pandemia, que atenta contra los derechos humanos. La campaña dura hasta el 10 de diciembre, día internacional de los derechosa humanos. Así, estos dos eventos quedan enlazados.

Por ello, desde Psicolagun, queremos hacernos eco de creencias populares irracionales y sin ninguna base, que ayudan a perpetuar esta lacra. Ayúdanos a desmentirlas, y compártelas con quien creas que le puede interesar.

Mensaje de La ONU

La violencia contra la mujer es consecuencia directa de la discriminación que sufre, tanto en las leyes como en la práctica y de la persistencia de desigualdades por razón de género. Es un problema, que ha sido calificado de Pandemia a nivel mundial, ya que afecta a un 70% de las mujeres, y que se puede evitar con prevención y con una actuación global. (datos en los que conviene pararse a reflexionar).

Desde Psicolagun creemos firmemente que la mejor solución pasa por la prevención y concienciación de toda la población.

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Queremos contribuir en la tarea de concienciación desmintiendo algunos mitos populares, a través de numerosos estudios científicos, que vienen a contradecir las siguientes creencias, que queremos compartir:

  • Un mito es que la violencia hacia de género únicamente se da en niveles educativos y económicos bajos. La realidad es que se da en todos los niveles sociales, económicos y culturales, y por ello hay que incidir sobre todas las capas sociales, aunque recordando que niveles bajos educativos y económicos pueden constituir factores de riesgo.
  • Otro mito es que las víctimas se lo buscan o lo provocan. Lo cierto es que la conducta violenta es únicamente responsabilidad de quién la ejerce, y no de la víctima. En ningún caso, podemos opinar sobre los casos como que la propia víctima se lo ha buscado. Son opiniones a las que hay que oponerse firmemente.
    El maltrato psicológico no es tan grave como el físico. El maltrato psicológico provoca un gran desequilibrio emocional y no se han encontrado diferencias significativas entre el perfil psicopatológico de las víctimas de violéncia física y psicológica. (Follingstad et al, 1990; Echeburúa et al, 1997a). El daño psicológico, por tanto, debe considerarse al mismo nivel que el físico.
  • Hay pocos casos de violencia familiar. La realidad es que el 50% de las mujeres han sufrido o sufre alguna forma de violencia, y se estima que entorno al 10% de las mujeres han sufrido en alguna ocasión abuso por parte de su pareja (Römkens, 1997; Alberdi y Matas, 2002). Estos son datos alarmantes por si mismos y en los que también cabe pararse a reflexionar.
  • Se dice (o ciertos sectores dicen…) que los hombres maltratados constituyen un problema tan grave como el de las mujeres maltratadas. Lo cierto es que según el estudio de Echeburua y Corral de 1995, el 95% de las personas maltratadas son mujeres. Por eso, el problema de la violencia debe necesariamente enfocarse sobre la mujer, aunque analizando de que forma. Se debe incidir obviamente en políticas de atención a la víctima, con recursos de todo tipo, adaptados y personal ampliamente formado. Se deben dedicar fondos al estudio científico y su difusión. Aunque también deben existir políticas de prevención, y atención a los maltratadores. Respecto a estos últimos, existen diversos estudios que muestran la eficacia de los tratamientos terapéuticos en maltratadores. Echeburúa E, Amor PJ. Perfil psicopatológico e intervención terapéutica con los agresores contra la pareja. Rev Esp Med Legal. 2010;36:117-21. Abordatge terapèutic d’homes que exerceixen violència de gènere Heinrich Geldschläger i Oriol Ginés (2013) Formación Médica Continuada. 20(2):89-99. Éste último basándose en la experiencia de la intervención preventiva en un programa del ayuntamiento de Barcelona.
  • También se dice que la violencia familiar es fruto de alguna enfermedad mental, cuando en realidad los estudios muestran que menos de un 10% de los casos de malos tratos son causados por trastornos psicopatológicos. Por tanto, no se puede caer en estigmatizaciones de la enfermedad mental, asociándolo a la violencia, y cabe no mezclar estos dos conceptos, ya que la salud mental exige una atención adaptada.
  • El consumo de alcohol y/o drogas son la causa de las conductas violentas. Varios estudios indican que el alcohol no parece jugar un papel de causalidad directa en los incidentes concretos del maltrato. De hecho, muchas personas actúan violentamente sin haber consumido alcohol y/o drogas, aunque si que debemos considerarlo como un factor de riesgo importante, que potencia las  conductas violentas y actúa como catalizador. En varios estudios se considera que hay una relación en el aumento de la frecuencia cuando se dan al mismo tiempo. Revisión de la literatura i un modelo integrador de la violencia contra la pareja y el consumo de sustancia. Álvaro Ponce, Heinrich Geldschläger, Oriol Ginés i Montserrat Plaza (2013) .
  • También existe el mito de que a las mujeres maltratadas les debe gustar, sinó de lo contrario, no aguantarían. En realidad, estamos delante de un problema de anulación de la voluntad, al sentir miedo, impotencia, indefensión, culpa, vergüenza, aislamiento, con un perfil psicológico muy dañado.
    Se dice que la conducta violenta es algo innato, cuando en realidad es algo que se aprende a través de modelos familiares y sociales como un recurso para resolver conflictos. De igual manera se pueden aprender conductas diferentes de resolución de conflictos y puntos de vista, que cabe fomentarlas.
  • Si hay violencia no puede existir amor en la familia. El ciclo pasa por crear un amor adictivo, dependiente, posesivo y basado en la inseguridad como patrón. Existen periodos sin violencia, donde el agresor se siente culpable y compensa el sufrimiento causado, aunque el patrón se volverá a repetir si no se ponen medios.

En nuestro país, tenemos una ley de violencia de género y se están llevando a cabo acciones de prevención en todas las administraciones, así como por parte de algunas iniciativas privadas, con un sistema que engloba abogados, tribunales especializados, equipos terapéuticos formados, protocolos de actuación, y diversos programas. Aunque hay que recordar que estas medidas se han producido hace muy pocos años y los resultados, si bien indican una progresiva reducción, según algunos indicadores (no todos), todavía no son satisfactorios, es más las estadísticas siguen siendo alarmantes, ahí está el numero de mujeres asesinadas en lo que va de año, con 55.

Una explicación es que venimos de una sociedad patriarcal donde la discriminación se ha ejercido y se ejerce en ámbitos como el ámbito laboral, donde los sueldos a día de hoy no están equiparados y la toma de decisiones es discriminatoria. Las religiones, donde la mujer tiene y ha tenido un papel secundario, lejos de la toma de decisiones. Este aspecto ha tenido un papel relevante en nuestra historia. La literatura, tradicional y en algunos casos contemporánea, donde la mujer ha tenido un papel de sumisión con un estereotipo secundario. Los medios de comunicación, donde todos tenemos en mente casos recientes en la publicidad discriminatoria y permitida, tanto por la empresa pública como privada. La cultura popular y el lenguaje, que asimismo contribuyen y han contribuido al estereotipo femenino y masculino y a mantener conductas machistas y violentas, y así en otros ámbitos presentes a nivel social como es el educativo. Todos estos aspectos, aunque no son la única causa, ya que cabría siempre analizar los casos separadamente, contribuyen a agravar significativamente la violencia sin duda.

Las consecuencias en salud mental son terribles, y los profesionales que nos dedicamos, hemos atendido casos de trastorno por estrés postraumático, depresión, ansiedad, etc, y asimismo problemas añadidos como consumo de alcohol y/o drogas, tendencias suicidas, malestar, problemas psicosomáticos, etc. Walker (1979, 1984, 1991, 1999) ha clasificado los efectos que tiene la violencia contra la mujer en el llamado Sindrome de las mujeres maltratadas, con baja autoestima, retraimiento social, aislamiento, fatalismo, depresión, indefensión aprendida, reexperimentación, recuerdos intrusivos ansiedad generalizada, somatización, embotamiento emocional, hipervigilancia, disfunciones sexuales y estrategias de afrontamiento negativas (tales como, idealización del maltratador; minimización o negación del peligro; supresión de los sentimientos de ira contra el agresor). Los equipos terapéuticos están especializados y formados para trabajar y dar apoyo a un perfil como el descrito.

Así, nuestra recomendación es hacernos eco del grave problema que nos afecta, y no tolerar ningún tipo de conducta machista de ninguna clase, porque es responsabilidad de todo el mundo erradicarlo del todo. En caso de cualquier tipo de violencia, bien sea física o psicológica, recomendamos denunciarlo o acudir a un profesional, que nos orientará en los pasos a efectuar. Asimismo, creemos que hay que poner el foco en las pequeñas acciones, haciendo hincapié en la atención y de reflexión en nuestros comentarios y de los demás, intentando no tolerar conductas o actitudes machistas de ningún tipo, ya que con ellas estamos permitiendo la perpetuación de la violencia. Asimismo, pedimos a las administraciones dotar de más programas y medios la lucha contra este grave problema. Otro mundo es posible, adhiérete a la campaña estos 16 días.

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