Entender bien las adicciones

Para entender bien las adicciones, habría que repasar la historia terapéutica y científica para ver que es lo que ha funcionado históricamente en los procesos de cambio.

Desde los años 80 con el boom de la heroína se ha evolucionado mucho. En aquella época se estilaban los programas libres de droga y medicación, que obviamente tenían un índice de éxito bajísimo. Normalmente no estaban dotados de personal formado y únicamente se trabajaba desde la experiencia de los propios usuarios. El resultado fue un verdadero desastre, con desinformación, y un pronótico muy penoso.

En los años 90 se empezó a desarrollar el modelo que habían creado en los 80 los autores Prochaska y Diclemente, referentes en la actualidad y basados en los estadios, procesos y niveles de cambio, que han permitido un enfoque con unos resultados contrastados.

Como es conocido, dichos autores entienden que la deshabituación no es un proceso lineal.  Ello implica pasar por varios estadios de cambio.

En un primer nivel, el de pre-contemplación nos encontramos a personas que no se cuestionan la situación ni ven un problema, por tanto no invierte tiempo en intentar cambiar ni es consciente de las consecuencias. Si acuden a tratamiento, es bajo presión.
El segundo nivel es el contemplativo, más conscientes y abiertos a recibir inputs sobre las consecuencias. Se caracterizan por tener necesidad de hablar del problema.
El tercer estadio es el de preparación, donde toma la decisión de realizar pequeños cambios, por ejemplo, disminuir la cantidad, y el progreso a la siguiente etapa implicará el como se siente y como valora su estilo de vida.
El cuarto estadio es el de acción, que resulta de los 6 primeros meses de tratamiento en que deja de consumir drogas, y por último el de mantenimiento, que se trabaja la prevención de recaídas.

Las recaídas fueron consideradas normales dentro de un proceso terapéutico, necesarias para trabajar la deshabituación y presentes desde el momento en que se deja de consumir. Además, como hemos dicho, no es un proceso lineal, si no que irá de un estadio al otro, pasando por fases, y como describe muy gráficamente abajo.

Los procesos de cambio serían actividades iniciadas o experimentadas que implican una modificación en la cognición, relaciones interpersonales o conductas, que describimos a continuación:

1. Concientización: se refiere a las actividades que procuran incrementar el grado de información que trae un estímulo a la persona, de modo tal que pueda obtener respuestas efectivas. El objetivo es la toma de conciencia sobre las experiencias tanto cognitivas como afectivas. Cualquier aumento de conocimiento, sea de la fuente que sea, también incrementa la conciencia. Algunos procedimientos terapéuticos para aumentar la conciencia sobre el individuo o la naturaleza de su problema son: la psicoeducación, la reestructuración cognitiva, la interpretación y la confrontación.
2. Autoreevaluación: es un proceso desencadenado por algunas actividades que la persona realiza luego de reevaluar aspectos cognitivos y afectivos. Consiste en la reflexión sobre la necesidad de cambiar o no las cosas, el conflicto con su sistema de valores y los posibles beneficios y desventajas. Es común que el sujeto sienta que, si bien las cosas mejorarían con el cambio, este tendría un costo.
3. Autoreevaluación social: el individuo considera que, si el cambio sucede, su entorno sería más saludable.
4. Autoliberación: luego de hacer una retasación de su situación, la persona toma la decisión de cambiar la conducta problemática.
5. Liberación social: consiste en actividades que ayuden a que el individuo tenga más alternativas para elegir; al modificar el entorno de la persona también se puede ayudar a que otros cambien.
6. Relieve dramático: es cuando se experimentan y expresan emociones producidas por las consecuencias negativas que conlleva la conducta problema.
7. Contracondicionamiento: es un proceso conductual que consiste en la modificación de una respuesta (ya sea motora, fisiológica o cognitiva) que son provocados por estímulos condicionados a una conducta específica; con dicho proceso se logra favorecer y desarrollar más opciones de conducta (ejemplo de esto son las técnicas de control de ansiedad, como los ejercicios de relajación y respiración).
8. Control de estímulo: esta técnica implica una reestructuración del ambiente con el objetivo de reducir la probabilidad de que el estímulo se presente.
9. Manejo de lo eventual: el objetivo central de este proceso es utilizar una serie de actividades para cambiar las consecuencias que siguen al comportamiento problemático mediante un sistema de refuerzos y castigos. Este último no sólo es cuestionable desde un punto de vista ético sino que tampoco es usado con frecuencia por terapeutas y por las personas que consiguen cambiar exitosamente solas. Una forma de refuerzo que es muy simple y eficaz es la autovaloración.
10. Relaciones de ayuda: es esencial para lograr el cambio y se refiere simplemente, al apoyo social que pueden proveer los familiares, amigos, etc.

Por último punto del modelo de Prochaska y Diclemente, estarían los niveles de cambio, osea la dimensión que desea ser cambiada:

Síntoma/Situación.
Cogniciones desadaptativas.
Conflictos actuales interpersonales.
Conflictos familiares/sistemas.
Conflictos intrapersonales.

Los autores recomiendan empezar por el primer nivel, ya que suele ser el motivo de consulta y el más fácil de abordar, todo y que puede evolucionar hacia el resto. Es importante consultar con un buen profesional bien formado para empezar un tratamiento.

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