Jugar frente a un espejo ¿Por qué?

Cada vez es más frecuente ver las habitaciones de los niños con un espejo que está a su altura para poder mirarse y para que puedan jugar frente a un espejo ¿pero qué beneficios tiene para el bebé jugar con él? ¿No es más que un adorno? ¿una moda más? ¿Por qué?

Pues no es cuestión de adorno. Los espejos, son muy importantes en el desarrollo de los niños/as en los primeros años, estimulan el conocimiento básico de uno mismo, es decir, les ayuda a reconocerse. Los espejos ayudan a:

  • Tomar consciencia de sí mismo, de sus habilidades, posibilidades de movimiento.
  • Crear una imagen sana de sí mismo/a.
  • Conocer el entorno aprendiendo a relacionarse con todo lo que les rodea, la familia, los juguetes, los diferentes ambientes…
  • Adquirir capacidad en el lenguaje. La parte encargada en la comunicación del niño, como se hace entender, gestos, estados de ánimo…

¿Es nuevo?  

No es una modernidad, en los años 30, ya se hablaba de ello al presentar resultados de una investigación relacionando la importancia y lo positivo del uso de los espejos en el desarrollo y juego de los niños, así lo indicaba el doctor Jacques Lacan.

Apreciaciones por edad:

Hasta los seis meses, los bebés cuando se ven en un reflejo, no la asocian con ellos mismo, apenas le dan importancia, es algo más que les rodea. Aunque tengan interacciones con su imagen, no será su objetivo comprenderlo.

Con más de seis meses, empiezan a notar cosas raras en el espejo, la imagen que ven siempre es igual, es la misma persona (pero aún no se reconoce). Cree que su imagen es otro niño, así que le intentará tocar, hablar… Cuando ven a un adulto reflejado, se giran para observarlo, así que no saben que él y la imagen del espejo son la misma persona: para él sin dos individuos distintos.

Con diez meses, el niño/a comenzará a interactuar más con esa imagen que ve reflejada, a la par que mira moverá la mano, pies, intentará comerse, chupar, ese reflejo, será una de las actividades que más repita cada día. En el momento en el que se reconozca, que entienda que es él/ella se reirá, empezará a reírse con la imagen que está viendo. Pero aún no alcanzará a entender bien lo que es.

Entre los doce y dieciocho meses el niño empieza a descubrir que el niño del espejo es él/ella. “Es entonces cuando asienta las bases de un modelo interno de sí mismo”

Pero hasta casi veinticuatro meses no descubrirá que el niño del espejo es él/ella mismo.

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