¿Por qué obligar a nuestros peques a dar besos?

obligar a dar besos y abrazos

Hacer pasar a los niños por los rituales de saludo de los adultos a la fuerza, osea. Obligar a dar besos es una mala idea. Tal es el caso cuando intentamos obligar a los peques a dar besos.

Es muy común que uno de los pasos en la educación pase por un ritual. El de obligar a dar besos a amigos y familiares de sus padres.

Así, en los encuentros familiares o casuales por la calle o durante las fiestas navideñas, suele ocurrir que muchos padres y madres obligan a sus hijos pequeños a saludar, besar o abrazar a personas que a los pequeños les resultan desconocidas. A veces, aunque sean conocidas, están realizando otro tipo de actividades y se ven obligados a pararlas para contentar a sus padres.

RESPETANDO EL ESPACIO VITAL DE LOS PEQUEÑOS.

Aunque no nos demos cuenta, todas las personas tenemos a nuestro alrededor un espacio vital.Nos acompaña y que actúa como un punto intermedio entre nuestro cuerpo y todo lo demás. Es decir, que estas pequeñas burbujas invisibles que nos rodean son casi una extensión más de nosotros, en el sentido de que nos ofrecen un espacio de seguridad, algo que nos pertenece y que tiene un papel en nuestro bienestar. Este fenómeno está bien documentado y es estudiado por la disciplina llamada proxémica.

Puede que la infancia sea una de las etapas de la vida en las que las funciones psicológicas están a medio hacer. Pero lo cierto es que ya desde muy pequeños entendemos lo que significa ese espacio vital.  Y por tanto, actuamos en consecuencia. No querer acercarse más de lo debido a personas que por el momento no nos producen confianza no es una deformación psicológica que deba ser corregida. Se trata de una expresión cultural tan válida como la que hace que los adultos no abracen a desconocidos.

ENTONCES…¿POR QUÉ OBLIGAMOS A LOS PEQUEÑOS A QUE DEN BESOS O ABRAZOS?

Que algunos padres y madres obliguen a sus hijos a saludar abrazando o dando besos no es una parte de una enseñanza indispensable para crear jóvenes con capacidad de autonomía. Forma parte de un ritual para quedar bien, en el que la comodidad y la dignidad del pequeño es algo secundario. Obligar a dar besos es un ritual que les genera malestar y ansiedad.

Nadie aprende a socializar siendo obligado a hacer esas cosas. De hecho, puede tener el efecto contrario. Esta clase de experiencias pueden dar más motivos para alejarse de esas personas. A socializar se aprende observando cómo actúan los otros e imitándoles cuando y como se quiera, siendo uno mismo quien tiene el control de la situación.

Cuando el padre se junta con un conocido del trabajo en la calle por ejemplo, la madre lo saluda y está atenta por respeto, pero no actúa de ninguna manera, y a la hora de despedirse únicamente utiliza un simple hasta luego o adiós, cuando dos pasos más adelante preguntara al marido ¿y quién era ese?, entonces, porqué pedir a nuestros pequeños que den un beso a ese conocido tuyo? . El niño ha observado que tú has hablado con él pero que en este caso la madre se ha quedado callada. Y él tiene que dar un beso?. No, el niño no lo entiende y se siente mal. ¿Cómo te sentirías tú?.

LO MEJOR ES DEJARLES LIBERTAD Y NO OBLIGAR A DAR BESOS

Está claro que en la infancia los padres y los tutores deben guiar a los pequeños en su comportamiento. Pero eso no significa que se les tenga que obligar a realizar los actos más insignificantes y carentes de importancia. Las normas deben estar bien justificadas para que vayan a favor del bienestar del niño o niña.

Merece la pena tener en cuenta las preferencias de los niños pequeños. Si no producen problemas, hay que dejar que tomen sus propias decisiones libremente. Hacer que entren en el mundo de las rígidas normas sociales de los adultos a través de la fuerza no es una buena solución. Hacerlo supone dar el mensaje de que las únicas opciones de comportamiento válidas son las dictadas por los padres.

A fin de cuentas, los niños son mucho más que adultos inacabados. Son seres humanos con derechos cuya dignidad merece ser tenida en cuenta. No hacerle durante las primeras etapas de la vida de alguien supone sentar un mal precedente. Por tanto desaconsejamos imperativamente obligar a dar besos a los niños.

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